Lyzzie: Febrero 2005 Archivos
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Blanco

Coches que van y vienen, gente que inunda las calles, comercios que presentan su mercancía, niños que acuden a la escuela, oficinas con pilas de papeles, cafés humeantes, duchas que se ponen en marcha, bolsas de la compra, abrigos que se sacan del armario, estufas que calientan los hogares, paraguas de colores, ancianos que charlan y pasean, guantes y bufandas, trenes y autobuses abarrotados, mentes que vuelan arriba y abajo, pensamientos que bailan al son de un claxon, semáforos que cambian de color, carteros que reparten el correo, perros que olfatean, luces que se encienden y se apagan, murmullos de conversaciones, televisores que cantan las noticias, risas que salen de una peluquería, obras en el metro, alguien que compra la suerte con un boleto para esta noche, barras de pan horneándose a fuego lento…todo igual que siempre…pero ahí fuera hoy había algo diferente. Esta mañana, el cielo de Barcelona se vestía de blanco.

Escrito por Lyzzie el28 de Febrero de 2005 | Huellas (6)

Escribe tus sueños (III)

Una vez retirados los artilugios de la comida, aquella extraña muchacha la ayudó a incorporarse de la cama. Tenía todos los músculos del cuerpo doloridos y las punzadas que sentía en la cabeza casi la hicieron desmayarse. Su cuerpo se hundió hasta los hombros en lo que parecía una gran bañera de agua perfumada. Una voz dentro de su cabeza le indicó que estaba tomando un baño. Empezaba a ser cansado pensar con dos mentes a la vez, por un lado era Elena y por otro, aparentemente, Cleopatra, así que decidió que si aquello era un sueño, sería mejor dejarse llevar por la última reina del antiguo Egipto.
-¡Iras estoy lista!- se sorprendió a sí misma con estas palabras.
Sabía el nombre de la muchacha porque la otra se lo dijo, aquello era cada vez más extraño. Iras la untó de ungüentos perfumados y eligió cuidadosamente un vestido blanco de lino que dejaba ver su cuerpo a través de las fibras de tejido. Se sentía incómoda con aquella ropa que mostraba sus encantos y echaba en falta la ropa interior, pero si aquel era el precio que había que pagar para sentirse como una reina egipcia, estaba dispuesta a sacrificarse. Iras le cepilló el cabello con cuidado y maquilló sus ojos con Khol y polvos de malaquita. El broche final lo dieron las joyas, un brazalete de oro adornó su brazo derecho y un precioso collar con el símbolo de Isis dibujaba la silueta de su cuello, mientras en su cabeza, descansaba la doble corona. Fuera de los aposentos reales, un soldado romano esperaba con una carta para ella.

Escrito por Lyzzie el26 de Febrero de 2005 | Huellas (8)

Entre susurros y caricias

Ven, acércate y susúrrame al oído que me quieres. Deja que tus palabras fluyan y se mezclen con el viento formando una partitura celestial. Regálame sinlecios de locura, besos que me lleven hacia ti, de viaje sin retorno. Deja que tus dedos se enreden con los mios, que quemen mi piel mientras la recorren y se funden en un abrazo eterno. Juega con mi pelo hasta que caiga rendida a tus caricias, hasta que mis ojos se cierren y me quede acurrucada en tu regazo soñando con cuentos de hadas y princesas. Grítale al fuego que sus llamas no podrán quemar este momento, que tus besos no serán escombros de una tragedia, sino la huella de una ternura que quedará grabada en el tiempo, para siempre. Dime que soy tu diosa, que tu cuerpo es mi templo y tus caricias la ofrenda de un amante que se hunde en la locura. Deja que tu abrazo sea mi refugio y que tus ojos me sirvan de puente para guarecerme en tu corazón. Hoy, solamente quiero que me mimes.

Escrito por Lyzzie el23 de Febrero de 2005 | Huellas (14)

Escribe tus sueños (II)

Cuando por fin fue capaz de abrir los ojos, se sintió extraña. Estaba estirada en un colchón que parecía relleno de plumas, las sábanas eran blancas, algo inusual en ella, y la habitación olía a incienso y pétalos de rosa. Lo último que recordaba era que estaba sentada en el sofá de su biblioteca, escribiendo en aquel extraño libro, pero ni aquella era su biblioteca ni el ambiente le resultaba familiar. Llevaba un vestido blanco de lino bordado de oro y de su cuello pendía un collar confeccionado con cuentas de lapislázuli. De pronto, la puerta se abrió y apareció una muchacha de tez morena vestida al más puro estilo egipcio.
-¡Mi señora! Por fin despiertas, tenías a toda la corte preocupada.
¿Mi señora?¿Qué era todo aquello?¿Por qué llevaba ella semejantes atuendos?¿Y quién era aquella señorita que la llamaba mi señora? Todo resultaba muy extraño, ¿estaba soñando? Sí, aquello debía ser un sueño.
Aquella extraña muchacha volvió a entrar en la habitación, esta vez cargada con una bandeja de plata que contenía pato relleno de marisco, higos, uvas, queso y una copa de vino con un nombre grabado: Cleopatra.

Escrito por Lyzzie el22 de Febrero de 2005 | Huellas (10)

Mira la luna

Desde que tengo uso de razón, la luna ha sido una de las cosas que me han marcado mis sensaciones y vivencias. Recuerdo aquellas noches de verano que pasaba en el balcón, sentada en una silla y acariciando el pelo de alguna muñeca, mientras perdía la mirada en esa diosa que emitía luz blanca noche tras noche. Eran muchas las preguntas que se agolpaban en mi mente, y que por supuesto han ido obteniendo respuesta con el paso de los años, pero cuando me iba a dormir y cerraba los ojos, lo hacía con la seguridad de que la noche siguiente ella estaría allí, en el mismo sitio y a la misma hora. Para mí la luna era la reina del cielo, siempre denotando esa constancia y fortaleza, arropada por miles de estrellas y sentada en su inmenso trono azul marino. Recuerdo cuando empecé mis andaduras nocturnas, cada vez que alguien hacía la típica pregunta ¿y ahora dónde vamos? Lyzzie contestaba: a la playa, a mirar la luna. Sé que me miraban extrañados y que incluso había quien pensaba que era una chica rara, pero a mí no me importaba, ya que siempre encontraba alguna mirada de complicidad.
Un verano, estando de vacaciones en un camping de la Vall d'Aran, el chico de la caravana vecina nos invitó a mirar la luna con sus prismáticos. Aquella imagen es para mí, a día de hoy indescriptible. La sensación de tener esa belleza tan cerca, casi al alcance de la mano. Aquella imagen se quedó grabada a fuego en mi memoria y aún hoy cuando cierro los ojos e intento recordarla, soy capaz de dibujarla tal como la percibí.
¿Me llevas a mirar la luna?

Escrito por Lyzzie el21 de Febrero de 2005 | Huellas (13)

escribe tus sueños (I)

El antiguo Egipto siempre la había fascinado. Le gustaba sentarse en el pequeño sofá de piel a imaginar e inventar historias que la trasladaban por un instante a aquel mundo, que desde niña la tenía atrapada entre sus encantos. Aquella tarde llovía a raudales y Elena decidió no salir de casa. Tras tomar un baño caliente, con el cabello aún húmedo y envuelta en un albornoz amarillo, se dirigió a su pequeña biblioteca para elegir un libro con el que estar en compañía. Repasó una y otra vez las estanterías hasta que su atención quedó captada por un viejo libro de lomos verdes en el que nunca antes había reparado. Tenía el título grabado en letras grandes de un rojo brillante: “Escribe tus sueños”. Pensó que debía ser uno de esos libros que solía traer la abuela de sus viajes por Europa y finalmente se decidió a echarle un vistazo. Se sentó en su sofá favorito, con una manta sobre las piernas para guarecerse del frío. Sem, su gato, se tumbó a sus pies hecho un ovillo sobre la alfombra. Abrió cuidadosamente el libro y para su sorpresa, estaba totalmente en blanco. Durante unos minutos se quedó pensativa y finalmente decidió seguir el consejo que le brindaba el vistoso título, así que tomó una pluma del cajón de la mesita y comenzó a plasmar sus sueños en el papel.
A medida que avanzaba con la escritura, iba sintiendo un calor que poco a poco la envolvía, que latía fuerte en las sienes y se iba desplazando por todo el cuerpo. Pensó en levantarse y ponerse el termómetro, pero fue incapaz de abandonar su asiento. Sintió un aire caliente y cargado de arena, pero las ventanas estaban cerradas y fuera todavía llovía a cántaros. Sus manos empezaron a fundirse con el aire y la arena se perdía entre sus dedos para acumularse en los brazos del sofá, sintió que se desvanecía y después, todo fue oscuridad y silencio.

PD: Ya está arreglado para que cuando comenteis vuestro nombre, mail y web se queden grabadas y no tengais que ponerlos cada vez ;)

Escrito por Lyzzie el18 de Febrero de 2005 | Huellas (21)

One years old

Un día como hoy, este blog calentaba motores y se ponía en marcha sin un rumbo fijo. Poco a poco, me fui abriendo camino en este pequeño gran mundo, el camino que vosotros me dibujabais con vuestras visitas y comentarios. Fue entonces cuando me di cuenta de que lo que aquí escribía no eran simples palabras que se quedaban descolgadas en algún recóndito lugar de la red, sino que llegaba a cada uno de vuestros corazones, y eso a mí me llenaba y me empujaba a seguir trazando nuevas historias. Sin lugar a dudas, este lugar es lo que vosotros me habéis ayudado a forjar con vuestra constancia, pues sois vosotros los que le dais vida y me ayudais a mantenerlo. Desde mi humilde morada os doy mil gracias a todos, y espero teneros por aquí cerca otro año más. Y me digo a mí misma ¡Feliz primer cumpleblog, Lyzzie!

Escrito por Lyzzie el14 de Febrero de 2005 | Huellas (15)

llegó la hora

Lyzzie está que no cabe en sí de gozo. Lyzzie YA ES ENFERMERA (qué bonito suenaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa). Lyzzie se gradúa mañana a las 18:00 h. La emoción no me deja pensar, así que este post se queda así de escueto.

BESOS!!

Escrito por Lyzzie el10 de Febrero de 2005 | Huellas (15)

Rimas

Dejé la luz a un lado y en el borde
de la revuelta cama me senté,
mudo, sombrío, la pupila inmóvil
clavada en la pared.
¿Qué tiempo estuve así? No sé: al dejarme
la embriaguez horrible de dolor,
expiraba la luz y en mis balcones
reía el sol.
Ni sé tampoco en tan horribles horas
en qué pensaba o qué pasó por mí;
sólo recuerdo que lloré y maldije,
y que en aquella noche envejecí.

Este es mi poema favorito de Gustavo Adolfo Bécquer. No sé por qué pero hoy me siento poeta.

Escrito por Lyzzie el 5 de Febrero de 2005 | Huellas (18)

sombras

El desgarrador aullido de un lobo
anunció la noche triste y desolada
una lágrima asomó a orillas de sus ojos
el frío viento, en un puño, a su estrella se llevaba.
Con torpes y asustados pasos
a arrancar un último adiós de sus labios, se acercaba
sus manos robustas, temblorosas por el miedo
el pálido rostro suavemente le acariciaban.
Sobre su pecho dormido y apagado
depositó un ramo de rosas doradas
sentía celos de la luna
temía que el amor se esfumara con su alma.
Quiso volver a sentir sus besos
quería volver a escuchar sus cálidas palabras
intentaba soñar que acariciaba sus manos
quería volar junto a los sentimientos de un fantasma.

Escrito por Lyzzie el 2 de Febrero de 2005 | Huellas (12)